
La soledad y el aislamiento del litoral argentino se transformaron en terreno fértil para la proliferación de toda clase de mitos. Leyendas y santificaciones populares pueden verse plasmadas en las festividades y en el santoral de los pueblos. Uno de estos santos paganos es el Gauchito Gil. Con sólo nombrarlo se despierta la fe de sus devotos. Hoy, Antonio Gil Núñez (su verdadero nombre) es uno de los santos profanos más difundidos entre la gente, de boca en boca, de milagro en milagro podría decirse. Por todo el país, al costado de los caminos y en las casas de sus creyentes hay una insignia, un altar, una señal en su honor. Cada 8 de enero se conmemora su muerte y se acercan a su tumba ubicada en Mercedes, provincia de Corrientes (de donde era originario), cerca de 100 mil personas para rendirle homenaje. Allí va su gente a rezarle, a pedirle y agradecerle por los pedidos concedidos.
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